Sobre el nuevo Panorama de las Relaciones Internacionales

 

Sin duda estamos presenciando tiempos interesantes para los analistas de relaciones internacionales. Digo interesantes por no decir de confusión, pero no en términos de la teoría del caos ni mucho menos, sino en elementos más simples y relevantes como la cantidad de líneas de opinión y de investigación (de esto mucho menos), que al final convergen en lo mismo: mucho de posicionamiento y poco de análisis verdadero.  Todos hemos sido testigos de aspectos que tienen que ver con manipulación mediática, pero lo que más ha afectado a nuestro estado de animo es la inexistente capacidad de predictibilidad que vienen mostrando los grandes lideres de las empresas consultoras de datos: varios “imposibles” se cayeron el año pasado, y en mi opinión, le seguirán otros tantos.

Yo tengo una hipótesis sobre ello y esta es que,  nuestras escuelas de análisis, nuestros referentes académicos y nuestros lideres de opinión, pertenecen impregnados en su ADN analítico por la etapa de la guerra fría. Por eso son incapaces de hacer análisis que superen la barrera del “bueno” y el “malo”.; sí no eres comunistas, tendrás que ser de derecha; sí hablas de genero tendrás que denigrar de todos los códigos femeninos…en fin, un mundo sin grises, sin matices y sin tonos, porque alejarse de los extremos es caer en territorio desconocido.

El problema es que el mundo es cada vez más multicolor, con mayor número de matices y con mayor amplitud para poder demostrarlo. Hacer análisis completos implica, ahora más que nunca, desvestirnos primero de nuestros prejuicios (y reconocer que los tenemos), y hacer aquello que nos imponen los nuevos tiempos, saber procesar la información…eso la data dura, no lo queremos que sea, ni lo que esperamos que sea.

Abajo les copio dos vínculos de artículos de  mucho interés para los analistas de relaciones internacionales., uno de un periódico español sobre Putin,  y el segundo, de CNN , sobre el panorama de relaciones internacionales que recibe la era Trump. Espero que les gusten.

 

Brigitte Rivas R.

http://elpais.com/elpais/2017/01/16/opinion/1484595953_620288.html

 

Querido señor presidente Trump: bienvenido al mundo real

IX Jornadas de Investigación del IIES, FaCES, UCV.

Universidad Central de Venezuela
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales “Dr. Rodolfo Quintero”

INVITAN:

IX Jornadas de Investigación del IIES, FaCES, UCV. Para Profesores e Investigadores.

Del 23 al 26 de Mayo de 2017, en el Edificio sede de FaCES – UCV

Entrega de resumen: Antes del 21 de Abril de 2017
Información: facesinvestiga@gmail.com

Oferta de empleo: Oficial de Campo para Organización Internacional en la Gran Caracas

Oferta de empleo: Oficial de Campo para Organización Internacional en la Gran Caracas

 

Se requiere a un profesional del área social o humanitaria, con experiencia de trabajo con las comunidades, así mismo, se busca a una persona:

  • *Con muy buen conocimiento de la ciudad de Caracas
  • *Con habilidad de trabajar de manera autónoma y con iniciativa
  • *Con habilidad para trabajar en equipo y bajo presión
  • *Con experiencia en la conducción  de vehículos sincrónicos ( licencia de 3er grado)
  • *Con conocimiento de programas y equipos informáticos estándares
  • *Que sea rigurosa, meticulosa, ordenada, de confianza y que sepa establecer prioridades
  • *Con amplia disponibilidad para trabajar en horarios flexibles

Disponibilidad para febrero 2017
Organización: http://www.icrc.org

REQUISITOS PARA POSTULARSE

Idiomas: Inglés Intermedio
Lugar de Residencia: Gran Caracas
Edad:De 25 a 35 años
Experiencia de 3 años en Oficios y Otros

Call for Papers: Global Public Goods, Global Commons and Fundamental Values: The Responses of International Law.

 

La Decimotercera Conferencia Anual de la Sociedad Europea de Derecho Internacional “Global Public Goods, Global Commons and Fundamental Values: The Responses of International Law”, organizado por la Universidad “Federico II”, se llevará a cabo en Nápoles, Italia, del 7 al 9 de Septiembre 2017.  Algunos oradores serán seleccionados sobre la base de los resúmenes presentados en respuesta a este llamado a investigación .  El objetivo  es compartir investigaciones de vanguardia en áreas específicas y estimular el debate. Los trabajos presentados pueden centrarse en cualquier rama del derecho según los temas indicados en el documento informativo.

Los trabajos deben presentar ideas innovadoras, ser inéditos en el momento de Presentación, y estar en una etapa avanzada de la terminación. Los idiomas de trabajo de la conferencia son el inglés y el francés. Dado que no se proporcionará ninguna traducción, los participantes deben tener una comprensión pasiva de ambos idiomas y una comprensión activa de al menos uno de ellos.

Fecha limite:  31 de enero 2017

A continuación se proporciona el enlace de la convocatoria:

Call for papers

HABLANDO DE RECONCILIACIÓN.

La reconciliación y el papel de ella dentro de la reconstrucción de las sociedades, es uno de esos temas que parecen ser del dominio de todo tipo de analistas. Sin embargo, revisión etimológica de la palabra nos podría dar alguna señal sobre el mal uso recurrente de la misma.
Re: nos indica, la renovación o la vuelta a algo pre existente, y, el concilio de la segunda parte nos habla de una armonía, que no necesariamente existió y a la que se desee volver.
En el marco del análisis social y de los conflictos, el uso de las palabras en ocasiones, se torna vacío y peligroso, más aún cuando se convierten en mantras sin sentido para quienes sufren la violencia. La paz, sin contexto, no significa nada. A la Justicia habría que preguntarle tantas cosas antes de abrirles los brazos: ¿qué historia o qué parte de la historia quieres reparar?, ¿a quién sirven tus intereses: a vencedores o a vencidos?. Con “la verdad” quisiéramos aclaratorias cómo por ejemplo: ¿la verdad de quién (es)?, ¿qué se persigue con su búsqueda: la recuperación, la reparación o la venganza?; ¿la verdad de un todo, o la verdad de algunos?.
Igual nos pasa con la reconciliación. La reconciliación a toda costa puede ser un peso muy grande para una parte de la sociedad. La reconciliación vacía, descontextualizada o forzada por la convicción de la propaganda que taladra con mensajes tales como que el no compromiso con ella pone en riesgo un valor mayor como el de la paz, transformando a los ciudadanos no convencidos de ello, en desertores. El proceso de Sud África, sufrió mucho con estas presiones. Verdades cómo la violencia de género y los cómplices internacionales de las injusticias sociales y económicas, no fueron tocados. Colombia por su parte, está andando ese camino. Ni los más conspicuos comprometidos con lo que han llamado “la paz”, pudieron convencer al país de votar por ella. La paz, sin desarrollo social, sin traducción de género, sin condiciones de ningún tipo, sólo exigía el sacrificio de una parte de la sociedad, que decidió que ya había sacrificado bienes mayores en el tránsito del conflicto.
Ese es el riesgo de las metodologías únicas. En general en el panel de herramientas que portan los especialistas en reconstrucción social, e intervención pacífica del post conflicto, la atención principal se suele centrar en los métodos de consolidación democrática, impulso de la economía, reconstrucción de las instituciones del Estado, impulso al dialogo a través de la negociación, etc. Vistas de modo separado y sin coordinación entre ellas, todas y cada uno de ellas ha demostrado ser insuficiente para garantizar una paz duradera, en tanto la base social del conflicto no sea parte orgánica de la solución. Esta es la razón por la cual en los últimos años muchos estudios vinculados a la resolución de conflictos han centrado su atención en el tema de la reconciliación basada en la reconstrucción del tejido social. El interés por este concepto obedece a una visión cada vez más realista del análisis de los conflictos actual, y así como el concepto de paz no se refiere ni a categorías espirituales ni a utopías trasnochadas, la reconciliación como método de estabilización, nace como la única respuesta real para poder transformar escenarios de conflictividad social en pactos sociales.
Desde un ángulo más amplio, la emergencia de actores sociales en el panorama internacional nos han revelado una nueva manera de analizar los conflictos sociales y las guerras de la actualidad. El análisis jurídico se ha complicado de mil maneras frente a la cantidad de figuras que participan en determinado conflicto, con o sin la participación de los Estados. Las armas con las que se luchan son otras, desde un ordenador hasta un vehículo pueden servir como herramientas para causar innumerables muertes. Los combatientes no llevan uniformes ni representan una facción o un Estado, son ciudadanos comunes y corrientes dispuestos a matar y a morir. El alto nivel de violencia intra societal es sin duda el rasgo más evidente de cualquier análisis de conflicto. Todos los aspectos característicos del esquema clásico han cambiado: los líderes ya no son seguidos por las masas en dirección a una guerra que probablemente ha sido gestada en un despacho diplomático. Ahora más que nunca se necesitan las interpretaciones sociales e históricas que den cuenta del sufrimiento de los individuos y en consecuencia, la búsqueda de la justicia por cualquier medio se justifica a través del mismo enfoque individual, en el cual los partidos, las facciones y/o los Estados, pueden tener o no participación bien sea como canalizadores, reguladores o en los peores casos, como impulsadores del odio.
A la luz de estas nuevas condiciones, es cuando podemos ver con claridad la importancia de centrar los esfuerzos de reconstrucción y de intervención en el post conflicto, en el más micro: el de los individuos, ya que la superación y comprensión autentica de la paz social pasa necesariamente por el compromiso personal de todos los ciudadanos y no por los acuerdos que suscriba un determinado gobierno o representación. La misma requiere de participación y no de observación. Sólo así se puede reconducir la confianza perdida lo cual constituye la mejor garantía para la superación de la violencia. La reconciliación es el vínculo entre el pasado violento y el futuro posible de una sociedad, como afirmó Faulker, la única manera de consolidar las bases de la convivencia pacífica son la construcción de la confianza entre enemigos del pasado y la solidificación del tejido social. Los esfuerzos por el final de la violencia, la democratización, el finiquito de los exabruptos del pasado e incluso, de la justicia retributiva, no son suficientes para garantizar una paz sostenible en tanto sean ignorados los esfuerzos en el nivel intra societal.
Para animar estos esfuerzos es importante volver la mirada y fortalecer a las asociaciones que representan este espacio de la sociedad que se ubica entre lo local y lo societal. Las ONG, las representaciones de grupos unidos por metas o intereses comunitarios, las asociaciones de vecinos, los gremios, etc., son una muestra de espacios para la concentración de los esfuerzos en pro de la reconciliación. El fortalecimiento de este tejido social de una forma orgánica es la manera más segura de encontrar compromisos sólidos basados en espacios de encuentro de individuos, en donde los mismos exploren formas de convivencia a través de lenguajes unificadores como son los intereses de una determinada comunidad, la historia común, los valores compartidos, etc. Este es el lenguaje que conduce el camino de la restauración de la confianza entre vecinos, comunidades, ciudadanos, victimas y seguros coparticipes de la paz. Es en ese nivel en el cual se descubren las cargas del pasado, se alivian las tensiones y se descubren las soluciones, cualquier esfuerzo que no contemple este nivel está condenado al fracaso. El dialogo de los niveles de mando de una sociedad puede esclarecer el camino, intentar planos compromisorios e impulsar soluciones de reconstrucción, pero sólo los individuos pueden dar garantías de reconciliación. Sin ellos, todos los demás esfuerzos son débiles.

PODCAST DE LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA

Para los interesados en estos temas, aquí les dejo el vínculo al podcast de la Corte. Van a encontrar muchas entrevistas sobre temas de interés actual cómo las causas del abandono de los Estados al foro y la renovación de la Corte, entre otros.

Nuevo año..renovación de proyectos.

 

Nuevo año, proyectos renovados y vuelta a la rutina.

Entre los primeros retos del año nuevo, la renovación de esta ventana que nos une con tanta gente que comparte nuestros intereses en temas Derechos Humanos, reconciliación, post conflicto y resiliencia, entre otros… vamos a ver que tal nos va esta vez; Espero que no sea como la promesa del gimnasio, que esa siempre acaba mal (al menos en mi caso).

En esta oportunidad queremos ampliar algunas secciones y además incorporar mayor contenido informativo a nuestro blog, así como nuevos temas de interés. Esperamos poder intercambiar con ustedes muchas ideas y aportar algo de lo que vamos aprendiendo en el camino. Seguiremos hablando de temas de justicia transicional, de Derecho Internacional  y de las nuevas regulaciones en torno a ddhh, pero incorporando temas nuevos que hoy también comparten nuestro interés.

De momento, les dejamos un regalo para comenzar el año llenos de buena energía.

Dos papas en el cielo y dos en la tierra

Hoy es un día de celebración para la Iglesia Católica y para todos sus creyentes. Dos de sus más queridos dirigentes han sido elevados a la máxima categoría espiritual que otorga la fe cristiana: la Canonización.

Hemos visto la magnífica ceremonia oficiada en el Vaticano y hemos tenido de nuevo la oportunidad histórica de ver a dos Papas vivos juntos. Sin embargo, nuestro blog es sobre Derecho Internacional y seguramente nuestros lectores se estarán preguntando si hemos caído en la tentación de hablar del “tema del día” y darnos la licencia de escaparnos del objetivo de nuestro trabajo. Pues no. Aunque hay mucho que decir (y por decir) sobre la concurrencia de estos cuatro indiscutibles líderes de la Iglesia Católica en torno a esta ceremonia, a nosotros nos gustaría recordar la contribución de todos ellos no solo al Derecho Internacional, sino también al desarrollo de su codificación y, más allá de todo ello, a la paz mundial, objetivo último de este.

Comencemos por quien a partir de hoy pasa a ser llamado San Juan XXII. La institución Yad Vashem, creada en Israel para honrar a las víctimas y héroes de la Shoá, ha recibido peticiones para honrarle con el título de “justo entre todas las naciones”. Mientras estuvo a cargo de la misión diplomática en Turquía, arriesgó incluso su vida para otorgar los documentos que salvaron del exterminio a muchos judíos. Como Papa, eliminó todo tipo de ofensa verbal en contra del pueblo judío de las homilías católicas (judíos pérfidos, era la frase para dirigirse a ellos antes de su reforma) y mejoró las relaciones entre ambas iglesias.

“Paz, paz!, pedimos a los jefes de Estado que no permanezcan sordos ante este clamor de la humanidad”. Estas fueron las palabras de Juan XXII que pudieron escuchar todos los angustiados ciudadanos del mundo por medio de la Radio Vaticana, frente a la crisis de los misiles. Subsecuentemente, publicó su encíclica Pacem in Terris, pidiendo la convivencia armónica entre los pueblos, la cual ha pasado a ser un documento de culto para los estudiosos de la resolución de conflictos, que encuentran en ella un giro en torno a la supuesta indiferencia histórica de la Iglesia Católica en temas de interés mundial y una primera aproximación al papel vital del Vaticano como catalizador de conflictos entre naciones.

De Juan Pablo II se dice que fue “el gladiador de la guerra fría”. Curioso título para un hombre de paz, pero que demostró, al igual que Gandhi, que el pacifismo es el apoyo a la no violencia, pero de ninguna manera es sinónimo de inacción y mucho menos de indiferencia. Juan Pablo II fue un comunicador notable. El uso de su extraordinaria imagen y carisma para coadyuvar al fin del comunismo y de la opresión de los pueblos de Europa del Este fue su gran legado. Sin duda, como todo gran hombre no está ajeno a la polémica, pero su herencia en la unificación europea y en el testimonial de la unión entre los pueblos es indiscutible.

En 2008, Benedicto XVI es el tercer Papa en dirigir su mensaje frente a la Asamblea de las Naciones Unidas. Las expectativas eran grandes, tanto como el tamaño del intelecto de este extraordinario sacerdote alemán, dedicado al estudio y a la docencia durante casi toda su vida. Teólogo y amigo entrañable de Juan Pablo II, su influencia en los cambios de la Iglesia son tan conocidos como polémicos, así como también lo fue esta intervención que no solo no dejó a nadie indiferente, sino que adecentó las bases del concepto creciente de responsabilidad de proteger,  previamente abordado en este espacio, y defendió su justificación basada en el precepto fundamental de la Iglesia Católica: los seres humanos. A continuación citamos algunos de los pasajes más importantes de esa intervención ante Naciones Unidas:

“Vivimos la obvia paradoja de un consenso multilateral que continúa estando en crisis, porque sigue subordinado a las decisiones de unos pocos, mientras que los problemas del mundo requieren de intervenciones a través de la acción colectiva de la comunidad internacional.”

“La promoción de los derechos humanos sigue siendo la estrategia más efectiva para la eliminación de las desigualdades entre países y grupos sociales, y para incrementar la seguridad […]. Ciertamente, las víctimas de las penurias y la desesperanza, cuya dignidad humana se viola con impunidad, son una presa fácil del llamado a la violencia y pueden convertirse en violadores de la paz.”

En este mismo discurso, el Pontífice señaló que todos los países tienen la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos de los abusos y violaciones a sus derechos básicos y resaltó que si sus gobiernos no pueden o no quieren brindar esa garantía, la comunidad internacional tiene el derecho a intervenir para evitar crisis humanitarias:

“Si los Estados no son capaces de garantizar esa protección, la comunidad internacional debe intervenir con los medios jurídicos previstos en la Carta de la ONU y otros instrumentos internacionales. La acción de la comunidad internacional y sus instituciones, siempre que respete los principios ceñidos al orden internacional, nunca deben interpretarse como una incierta imposición o limitación de la soberanía […]. Por el contrario, es la indiferencia o la falta de intervención lo que hace el daño real.”

Y del Papa Francisco,  ¿qué más se puede decir?.  El mundo ha visto con gran interés como crece la popularidad de este Papa amable y cariñoso, que saluda sin vidrios intermedios, besa a los enfermos y apoya fervientemente a los más desamparados. Sin duda, un hombre de buena voluntad y de paz del que esperamos que haga honor al legado histórico que en el marco del Derecho Internacional le han dejado estos otros tres Papas,  que han interpretado que su Ministerio y jerarquía puede convertirse en un instrumento para lograr la paz entre  todos los pueblos, todas las naciones y todos los seres humanos.

Brigitte Rivas R.

Juan Pablo II y Juan XXIII (fotografía tomada de https://www.facebook.com/SanJuanPabloII.Papa)
Juan Pablo II y Juan XXIII (fotografía tomada de https://www.facebook.com/SanJuanPabloII.Papa)

Del Derecho de los Estados a la necesaria evolución de un Derecho de la Humanidad: reflexiones de Ann Peters y Rafael Domingo

Sin título (Honorio Robledo)
Sin título (Honorio Robledo)

El Derecho Internacional no tiene respuestas para los ciudadanos de Ucrania, ni para los de Venezuela. Les ha dejado solos, sumidos en un silencio lleno de burócratas que pronuncian discursos vacíos y que no contempla espacios para escucharles.  Con el recuerdo presente de los recién cumplidos veinte años del genocidio de Rwanda, la masacre de Srebrenica y la crisis humanitaria de Somalia nos vamos llenando de argumentos para exigir cambios en el sistema que rige el Derecho Internacional, que no tuvo ni tendrá respuesta para estas personas porque no fue creado para ellas sino para los Estados que les rigen y quedó obsoleto con la destrucción de sus premisas de seguridad en el marco de los atentados del 11-S.

Ha pasado el tiempo del Derecho Internacional. Es insuficiente y pesado frente a los retos que le impone el nuevo orden mundial. Si el Derecho de Gentes sirvió a los intereses hegemónicos de Roma y el Derecho Internacional para la necesaria reorganización del mundo después de la segunda guerra mundial, es lógico esperar una transformación del Derecho que cumpla con las expectativas de la época que nos ha tocado vivir. Resulta una entelequia pretender sostener un sistema que olvidó su razón de ser fundamental: los seres humanos. Un nuevo derecho debe contribuir de manera significativa a la superación de la violencia como método de resolución de conflictos, a la seguridad humana y a la resolución de los problemas ambientales como aspectos primordiales.

Sin lugar a dudas el mayor avance que ha tenido en los últimos años el sistema de Derecho Internacional ha sido la irrupción de los Derechos Humanos. Las reflexiones en torno  a ello y el informe del año 2001 de la International Comimision on Intervention and State Sovereignty (ICISS) sobre al concepto emergente de soberanía basado en la “Responsabilidad de Proteger” (R2P), apuntan a la necesidad de clarificar la potencialidades políticas que justificarían una intervención armada que pudiese prevenir desastres de este tipo, fundamentado en el ineludible deber de resguardar vidas humanas. Sin duda, esta reflexión ofrece una luz en el camino del Derecho Internacional que recoloca a los seres humanos, en concordancia con las premisas del Derecho Natural, de vuelta en el epicentro del Derecho y no meramente como objetos mediatizados por una construcción cuyo papel en la historia de las Relaciones Internacionales está siendo cada día superado por la participación creciente y la emergencia de una nueva sociedad internacional, más participativa y que comparte problemas y aspiraciones que no pueden ser detenidos por las fronteras, otro artilugio del Estado.

El extraordinario trabajo de Ann Peters, titulado Humanity as the Alpha and the Omega of Sovereignty, apoya este argumento y defiende que el informe del ICISS y su posterior práctica (aunque irregular y poco definida) constituye una base necesaria para la cristalización de normas centradas en la defensa de los DDHH más que en la de los Estados (amparados en su coraza denominada “soberanía”), en tanto son sus ciudadanos los contenedores y objeto de su poder en el escenario internacional. Para esta autora, el principio de soberanía está siendo progresivamente derrocado de su condición de principio fundamental del Derecho Internacional. La soberanía debe y puede ser justificada. Su valor normativo está derivado y debe ser orientado a través de la humanidad. Esto implica para los Estados una gran responsabilidad, ya que la protección de los Derechos Humanos no se limita a lo doméstico, impone la responsabilidad de actuar y derroca ese manido escudo protector de todas las atrocidades denominado soberanía.  El viejo concepto de soberanía ha sido transformado por el de DDHH, esto ha ocasionado que la relación tradicional entre el Estado y sus ciudadanos se haya invertido, los derechos básicos de los ciudadanos se ven como primarios y el principal agente de relación entre soberanía y objeto ha sido reversado. Hablamos de Derechos Humanos, no de Derechos de los Estados (Peters, 2009).

En consecuencia, el reclamo de que la soberanía estatal ha sido el thelos del Derecho, entendido como el principio de que el Estado debe proteger los DDHH, intereses, necesidades y seguridad no es incompatible ni choca con ello, por el contrario, lo complementa. En su trabajo, Ann Peters reflexiona también en torno a las objeciones que se han hecho sobre el informe del ICISS, señalando su probable utilización como Caballo de Troya para posibles intervenciones basadas en intereses particulares. Al respecto es interesante revisar el hilo de su argumentación, que le lleva a concluir acerca de la necesidad de buscar nuevamente en el concepto original de soberanía la necesaria humanización del fondo jurídico, lo cual negaría la utilización de este instrumento como fórmula hegemónica o neo imperialista.

 

Un texto más reciente y completo sobre el tema, es el escrito por Rafael Domingo, titulado ¿Qué es el Derecho Global?;  en el mismo, el autor hace un recorrido por las distintas etapas de la evolución del Derecho Internacional, con base en el cual plantea la necesidad de dar paso a un nuevo orden legal al que titula Derecho Global; incluso se aventura con la presentación de las bases de ese nuevo Derecho y propone el renombramiento de la Organización de Naciones Unidas, como Humanidad Unidad,  exponiendo brillantemente la forma como se organizaría esta última.

 

El Derecho Global planteado por Domingo apuesta por la globalización de la justicia y por la resolución jurisdiccional de los conflictos entre pueblos y personas. Toma de la tradición jurídica sus grandes tesoros: la idea de un derecho común a los pueblos (ius commune), el valor de la palabra dada (fides), la autoridad de la voz de la naturaleza (vox naturae), la obligación de cumplir los acuerdos (pacta sunt servanda), la importancia de los principios y de las costumbres, la necesidad de respetar el statu quo, el destacado papel de la jurisprudencia, la interrelación entre las fuentes de Derecho, así como los logros del Derecho internacional moderno. Pero lo más importante es que rescata el concepto de persona para el Derecho, que se había perdido en la Edad Moderna con el nacimiento del Estado. Y con la persona, realza la dignidad, que adquiere un valor absoluto, como atributo propio y exclusivo de ella. En su carácter de Derecho de acuerdos y no de imposiciones al cual se suman voluntariamente las personas, debe ir de la mano del arbitraje y, en general, de los distintos medios de resolución de disputas.

 

El Derecho Global apuesta por la Maiestas romana, de naturaleza incluyente, antes que por la excluyente soberanía moderna, rechaza cualquier principio hegemónico. De igual forma, Rafael Domingo identifica el unilateralismo de USA fundado en el poder como riesgo y lo evalúa como contrario al Derecho Internacional. Sin embargo considera condición sine que non el respaldo de la ONU en forma de novacion extintiva, transformándose como institución más que reformándose.  Propone el nombre de Humanidad Unida, para fortalecer un nuevo Derecho de la Humanidad.

 

El Derecho Global ha de ser un ordenamiento y no un puñado de principios morales que guíen la conducta de los pueblos. Pero un ordenamiento sui generis, con unos principios innovadores comunes a todos los ordenamientos jurídicos (justicia, racionalidad, coerción, etc) y otros propios como el de universalidad. Un ordenamiento centrado en la persona, con una norma de reconocimiento competencial basada en un principio multisecularmente democrático: quod omnes tangit ab omnibus approbetur:  Lo que afecta a todos, debe ser aprobado por todos (Domingo, 2007).

 

Probablemente no conoceremos la cristalización de este nuevo sistema internacional ya que aún deben ser superados muchos obstáculos para ver una sincera transformación de las instituciones del Derecho Internacional, pero los ciudadanos de hoy somos protagonistas indiscutibles de esta transformación, somos parte de la reflexión y responsables del impulso de esta discusión. Es necesario arrebatarle el discurso del Derecho Internacional a los Estados. Tenemos que regarlo en las comunidades y es deber de todos participar de ello. La responsabilidad de la transformación de las instituciones internacionales está en cada uno de nosotros y debemos ser responsables ante los retos que nos impone este cambio.

 

Brigitte Rivas R.

 

 

Referencias:

Domingo, R. (2007). ¿Qué es el Derecho Global? Pamplona: Thompson Aranzadi.

Peters, A. (2009). Humanity as the Alpha and the Omega of Sovereignty. The European Journal of International Law, 513-544.

A 20 años del genocidio en Ruanda

El 6 de abril de 1994, el presidente ruandés Juvenal Habyarimana es asesinado producto del  atentado perpetrado al vuelo en el que viajaba con el presidente de Burundi.  Este hecho sirvió de detonante a uno de los conflictos armados más dramáticos y crueles de la postguerra fría,  en cuyo marco tuvo lugar una crisis humanitaria de proporciones épicas que transcurrió ante la mirada atónita de la Comunidad Internacional.

Durante un período de 100 días, milicias compuestas por facciones hutus radicales y por fuerzas del gobierno, llevaron a cabo matanzas sistemáticas de tribus tutsis y hutus moderados,  configurando así una situación de genocidio que a fecha de hoy ha dejado profundas secuelas en los sobrevivientes y en la población ruandesa.  Las matanzas estuvieron acompañadas de crímenes de guerra tales como la tortura y la violación de mujeres, muchas de las cuales fueron infectadas con el virus del VIH. De acuerdo con cifras de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, se estima que alrededor de 250.000 mujeres fueron víctimas de violación; bajo los efectos psicológicos de los brutales crímenes de los que fueron objeto, muchas mujeres tuvieron que enfrentar los rigores de la guerra y sostener a sus familias desmembradas tras quedar viudas. La magnitud del genocidio cometido en Ruanda condujo al establecimiento, en 1994, de un Tribunal Penal Internacional con la finalidad de juzgar sus responsables.

La ausencia de mecanismos efectivos de respuesta por parte de la Comunidad Internacional ante una tragedia como la ruandesa,  impulsó a que en el marco de la Cumbre Mundial de 2005 los Jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo acogieran la noción de “responsabilidad de proteger”, con miras a resguardar a los pueblos del genocidio, la limpieza étnica, los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad.

Transcurridos dos decenios de esta masacre horrenda, está claro que aún son enormes los retos que enfrenta la Comunidad Internacional en materia de prevención,  respuesta y sanción de delitos contra los derechos humanos como el genocidio, los crímenes de guerra, la limpieza étnica y los crímenes de lesa humanidad. La idea de la “responsabilidad de proteger”,  como hemos expresado en otras publicaciones en este blog, ha venido siendo desarrollada paulatinamente con la finalidad de precisar su contenido e implicaciones, lo cual sin duda representa un avance. En ConciLIANDO, no podemos menos que hacer un llamado a la reflexión sobre los hechos acaecidos 20 años atrás en Ruanda, cuyas secuelas aún persisten. Como seres humanos y ciudadanos del mundo estamos obligados a hacer cuanto esté a nuestro alcance para coadyuvar a que hechos tan horrendos no vuelvan a repetirse.

Matanza en Ruanda - Foto de AP
Matanza en Ruanda – Foto de AP